sábado, 9 de noviembre de 2013

Un par de cicatrices



Por: Verónika Alejandra Inclán Cazarín

Cicatrices. Todos desde que nacemos empezamos nuestra vida con una cicatriz. Una herida necesaria para extirpar aquello que fue el vínculo para alimentarnos en el  vientre materno: el cordón umbilical. Solo quedó nuestro ombligo, como recuerdo de aquellos meses que pasamos dentro de nuestras madres. Si me dolió no lo recuerdo. A veces es preferible no recordar ciertos hechos y acontecimientos, pero es difícil cuando hay marcas que nos acompañan de por vida.

La cicatriz que más me ha dolido y que aún hoy día sangra, fue el rompimiento con mi anterior vida. No porque la añore, sino por las perdidas obtenidas. Los reproches, las constantes explicaciones, los chantajes, las lagrimas, el deseo de seguir teniendo el control. Con todo ello  tuve que cortar, hacerme inmune, no escuchar, saber y darme cuenta que era mi felicidad, y que no la iba a volver a sacrificarla por el bien de los demás. Es mi vida. Aceptar y abrazar de lo que tanto huí, no fue fácil. Así que no permitiría que me pusieran más obstáculos. 

Romper los esquemas establecidos, luchar contra los convencionalismos, los estereotipos, contra la discriminación, fue algo muy desgastante. 

Morir y reconstruirte no es fácil. Tomar el “puñal” y hacerte pedazos, matar la tristeza acumulada y tomar lo esencial para ser tu misma, fue un trabajo de años. Matarme lentamente no fue por saborear mi propio asesinato, como una especie de suicida sádico que  no tiene respeto por su vida. Porque yo si tenía respeto por mi existencia, de manera total; por ese respeto, es que realizaba ese acto que a ojos ajenos era brutal.

Pocos pueden jactarse de decir que han tenido dos encarnaciones en una misma vida. Yo las tengo. No morí completamente, mas quedaron cicatrices que aún se siguen reparando, pero soy feliz con ellas, porque aprendí a vivir y a ser yo misma. 

Ya no estoy peleada con mi anterior existencia, es más, somos amigos. Amo y quiero al chico que fui, aunque los demás no lo puedan entender, ni aquel pasado y ni esté presente. No sé si me  vean como lo que soy. Que importa. Soy mujer. Pero si alguna cicatriz importante tengo que designar y darle nombre, para que los demás intenten al menos entender, diré: Soy mujer transexual. Si quieres saber más, tendrás que investigar.